Muerte, nadie te esperaba, pero como una ladrona te has colado y te has llevado lo que todos queríamos. La vida.
Te has llevado a un ser querido, al que aún le quedaba vida por delante, un ser que tenía su familia, una familia que la quería. Te la has llevado y nos has dejado llenos de amargura, llenos de rabia, infelicidad, intranquilidad... Nadie te esperaba tan pronto. ¿Por qué tuvo que ser así? ¿Por qué ella? Era una gran persona, sé que lo era. Menuda gran injusticia, menuda gran mierda...
Me retuerzo de dolor tan solo al pensar que nunca más la podré ver, que nunca más podré oír su voz, que ya no me echará ninguna bronca junto a mis primos, sus hijos. Ya nunca más vivirá. Me duele tanto... Pero tantísimo. Es terriblemente injusto, y no sólo por mí, si no por sus hermanos, su madre. Sus rostros descompuestos, sus actitudes decadente, la tristeza de la horrible pérdida de un familiar cercano. Ya van dos en menos de un año... El pobre corazón de la gran señora que es mi abuela, ¿cuánto más podrá aguantar? Nueva vida aflora, pero esa vida jamás podrá conocer a su abuelo ni a su tía... Tan solo podrá oír lo que hablen de ellos, escuchar su memoria, cuando honren su persona.
Son tantas emociones juntas, ninguna de ellas buena. Muerte, ¿qué pretendes?
Tu existencia es tan inevitable... el complemento de la vida. Tu presencia es tan dolorosa, tu huella tan traumática.... Eres tan inevitable como necesaria, Muerte.
Ahora sé que la Muerte es un sentimiento, un sentimiento que alguna vez se ha de experimentar.
Desolación.
Muerte, tan inesperada, tan inevitable, tan dolorosa, tan necesaria.
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