Hace tiempo que no se me ocurre nada coherente para escribir en el blog.
Sin embargo, las siguientes líneas no son mías, sino de un poeta enamorado del mar al que yo recitaba en mi más tierna infancia: Rafael Alberti.
El mar. La mar.
El mar. ¡Solo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?
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